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El mito de la fortaleza de los hombres y su supuesta incapacidad para amar

No es fácil ser varón

Ser varón en términos que demanda la cultura actual no es tan sencillo. Es probable que esta sea la afirmación más descarada para las feministas y bastante desconcertante para los machistas, pero refleja una realidad encubierta a la miles de hombres en el mundo deben enfrentar para cumplir el papel de una masculinidad tonta, superficial e incluso suicida.

A pesar que la mayoría de los varones adopta una posición inamovible con respecto a los patrones tradicionales del del macho con el que fueron criados y que les inculcaron desde la niñez, existe un movimiento de liberación masculina que crece día a día y que se rehúsa ser víctima de una sociedad evidentemente contradictoria frente a su desempeño.

Lo que ellas buscan en un hombre

Por un lado tenemos a un grupo de mujeres que exige que los hombres sean más compasivos, afectivos y tiernos, otro grupo escapa de aquellos que consideran demasiado suaves. Los padres suelen exigir a sus hijos hombres  una dureza inquebrantable, quizás porque ellos mismos fueron criados de la misma manera, mientras que las maestras de escuela un refinamiento tipo lord inglés.

La demanda de supervivencia cotidiana exige una competencia tenaz, mientras que la familia espera el regreso a casa de un padre y un marido sonriente, alegre y pacífico.

El poder, el  éxito y el dinero se han posicionado como los máximos estandartes de autorrealización masculina, y por otro lado la virtud religiosa de la sencillez y la humildad franciscana como indicadores de crecimiento espiritual.

El hombre ideal

Para las mujeres estereotipo de hombre ideal es aquel que se muestre seguro de sí mismo, pero que de vez en cuando pueda mostrar su lado débil, que sea tierno y cariñoso, pero sin llegar a ser empalagoso; exitoso, pero no obsesivo; que se haga cargo de ellas sin ser absorbente; intelectual, pero que también sea hábil
con las manos…

Esta descripción podría encajar perfectamente en un interesante caso de personalidad múltiple, pues no es sencillo ser fuerte y débil a la vez, seguro y dependiente, rudo y tierno, ambicioso y desprendido, eficiente y tranquilo, agresivo y respetuoso, trabajador y casero.

El desear alcanzar estos contradictorios puntos medios, que además ninguna persona ha podido definir claramente, ha llevado a los hombres a crear en ellos un sentimiento de frustración permanente: pues nunca llegamos a dar el clavo.

Esta información contradictoria lleva al varón, desde la misma infancia, a ser un equilibrista de las expectativas sociales: a intentar quedar bien con Dios y con el diablo.

Intimidades masculinas

Walter Riso intenta responder desde la moderna psicología y otras ciencias afines y desnuda psicológicamente al hombre educado en la típica cultura patriarcal, y saca a la luz su intimidades afectiva, un mundo desconocido no solo para las mujeres sino también para los mismos hombres, y sugiere una nueva manera de vivir el amor y la sexu@lidad, más digna y humana, sin avasallar los derechos tanto de hombre como mujeres.

Riso propone una liberación afectiva masculina, pacífica y no egoísta, mediante la que se puedan potenciar las relaciones afectivas con la mujer, los hijos y los demás varones.

 «La liberación afectiva masculina no es una lucha para obtener los medios de producción, sino para desprendernos de ellos».

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